Opus Dei: el primer día de un nuevo rumbo

Opus Dei: el primer día de un nuevo rumbo

El Papa Francisco ha decretado un cambio en la organización de un de los más conocidos e influyentes grupos eclesiales: el Opus Dei. No faltan quienes lo interpretan como un castigo a su inmovilismo Leer

INTERNACIONAL

Era sólo cuestión de tiempo que el Papa Francisco pusiera al Opus Dei en el punto de mira de las reformas institucionales que lleva a cabo en la Iglesia católica desde la tarde misma de su elección. Nada queda al margen de los intereses de un Pontífice que asegura creer en una iglesia que sea como un «hospital de campaña en medio de la batalla para acoger a los que llegan heridos». Y cuando alguna estructura no se ajusta del todo a ese ideal, el Papa actúa. Como ahora con el Opus Dei, que estrena un nuevo rumbo, su día después.

¿Qué es el Opus Dei?Hasta ahora se definían como una «institución jerárquica» de la Iglesia católica con la finalidad de favorecer la santidad de sus miembros. Las nuevas indicaciones de Francisco les urgen, precisamente, a insistir menos en esa jerarquización y a preocuparse más del carisma, esto es, del servicio que prestan a sus miembros para crecer en la fe y en la función social que desarrollan en la sociedad. Cabe interpretar que, veladamente, Roma considera que el Opus Dei (literalmente, ‘la Obra de Dios’) está sumamente jerarquizado, es excesivamente dependiente de sus sacerdotes y obispos, y no se encuentra lo suficientemente volcado en promover la adopción de responsabilidades por parte de sus miembros laicos, hombres y mujeres.¿Prelatura personal?El Opus es la única prelatura personal que existe en la Iglesia, desde que Juan Pablo II les concediera esta consideración en 1982. En la práctica, esto significa dotar a este grupo eclesial de una autonomía incomparable con la de cualquier otra entidad, con capacidad para organizarse internamente con reglas propias, al margen incluso de la autoridad del obispo del territorio donde se encuentren sus residencias y lugares de culto. Podría decirse que eran como una diócesis particular dentro de otra diócesis. Con el cambio impulsado por Francisco, las disposiciones del obispo de cada zona les afectarán ahora por igual a los miembros del Opus, que pueden ser requeridos para una tarea concreta y han de ajustarse a los criterios de trabajo de esa diócesis.¿Qué cambia ahora?Canónicamente, todo. Francisco ha publicado el motu proprio Ad charisma tuendum [Para proteger el carisma], por el que, sin dejar su condición de Prelatura, la institución pasa a depender ahora del Dicasterio (algo así como los ministerios civiles) vaticano para el Clero. De esta manera les desvincula del Dicasterio para los Obispos, dando a entender que ya no gozan de la misma consideración que si fueran cualquier otra diócesis. Simplificando mucho, puede decirse que se les rebaja el nivel de autogestión del que gozaban, que era de una excepcionalidad difícilmente justificable. En la práctica, por ejemplo, habrán de enviar al Dicasterio para el Clero un informe anual sobre el estado de la Prelatura y sobre el desarrollo de su labor apostólica. Es decir, deberán rendir cuentas de su trabajo y su organización, algo novedoso. También lo es que el máximo responsable del Opus ya no podrá ser nombrado obispo.¿El Papa les rebaja de consideración como castigo?Ambas partes han declarado expresamente que no se trata de un correctivo. Sin embargo, el solo hecho de que el Papa dicte un motu proprio expresamente para modificar la organización de la Obra es un indicio de su disconformidad con el carácter global que estaba definiendo a la institución, más allá de un problema puntual que podría haberse resuelto por vías menos contundentes. Es el excesivo peso de la jerarquía del Opus la cuestión central que se trata de atajar, pues Francisco considera que la desmesurada actuación de sacerdotes y obispos estaba ahogando la función para la que nació el Opus. No es un castigo, pero sí un golpe sobre la mesa para cambiar el rumbo.¿Por qué ahora?El Papa se ha embarcado en la reforma global de la curia romana, tantas veces tachada de inmovilista y de no estar al servicio del pueblo sino de sus intereses personales. Algunas de las claves de esta profunda, y muy discutida renovación, son: que cualquier cristiano -también los que no son sacerdotes u obispos- puede ostentar funciones de gobierno en Roma; también que se exige «integridad personal y profesionalidad» a quienes trabajen al servicio del Papa; o que los sacerdotes y religiosos que formen parte de la curia podrán trabajar un máximo de 10 años en el Vaticano, y luego deberán volver a sus lugares de origen a desarrollar otras labores pastorales. Lo cierto es que el Papa ha aprovechado este movimiento reformador para solucionar algunos temas pendientes, como el de la organización interna del Opus.Una reforma, ¿sólo en negativo?Las transformaciones que impulsa Francisco tienen como eje central que se ejerza realmente -y no solo en los documentos- la corresponsabilidad de todos los miembros de la comunidad católica, después de haber diagnosticado que para muchos sacerdotes y obispos los laicos son considerados meros ayudantes, y no actores principales de la vida de la Iglesia. El Papa se propone acabar con excesiva clericalización de las comunidades y devolver a los seglares el papel que les corresponde por el hecho de estar bautizados. Prueba de que se trata de algo más que buenas intenciones es la elección en julio de tres mujeres (dos religiosas y una laica) para formar parte de la comisión encargada de asesorar al Papa para elegir a los nuevos obispos de todo el mundo. Por primera vez en la historia de la Iglesia, habrá mujeres entre los 23 miembros que hasta ahora ejercían esta tarea.¿Cambios a toda prisa porque piensa dimitir?Francisco ha declarado expresamente que no descarta dimitir si considera que deja de tener las condiciones físicas y psíquicas adecuadas para desarrollar el cargo. El gesto de Benedicto XVI parece haber acabado definitivamente con una larga historia de Papas que desaparecían de la escena pública durante meses, años incluso, hasta que finalmente se anunciaba su muerte. Sin embargo, el Pontífice ha bromeado con que, de momento, la silla de ruedas es más que suficiente para evitar su dimisión.¿Es esto el inicio de una revolución en el seno de la Iglesia?De ninguna manera. Aunque el foco mediático haya obviado la intimidad del Vaticano y se haya concentrado en los abusos a menores en el seno de la Iglesia, desde hace años Francisco ha emprendido una batalla sin cuartel contra realidades menos conocidas, aunque «igualmente dolorosas para la vida la Iglesia», a su parecer. Es el caso, entre muchos otros temas sobre los que ha dictado instrucciones, del respeto y la función de las mujeres en la comunidad cristiana; de los abusos de conciencia por parte de los superiores y superioras de las casas de religiosas, sobre todo femeninas; de la excesiva ideologización por parte del clero, que asume como propios los dictados de algunos partidos de extrema izquierda y extrema derecha incompatibles con el Evangelio. Podría decirse que esta nueva realidad para Opus Dei es sólo un capítulo más, ni siquiera el más revolucionario, de la transformación que encabeza el «obispo llegado del fin del mundo», como se definió Francisco a sí mismo. Cierto es que hay pocas instituciones en la Iglesia católica con miembros tan influyentes en la vida política y económica de los distintos países donde la Obra se halla presente.

Fernando Ocariz, prelado del Opus Dei.Opus Dei

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