Sergio Massa toma el control de la economía en Argentina con una advertencia: «No soy mago»

Sergio Massa toma el control de la economía en Argentina con una advertencia: «No soy mago»

Tras seis días de rumores y filtraciones, el abogado será el encargado de ordenar la economía de un país cuya tasa de inflación se sitúa en el 90% Leer

«El contexto global ofrece oportunidades para Argentina», aseguró Massa, abogado de profesión y encargado ahora de ordenar la diabólica economía de un país con una tasa de inflación anual en torno al 90 por ciento y una cifra de pobreza que ronda el 40.

«La Argentina es un país con recursos en viñas de desarrollo, no un país rico», añadió Massa antes de advertir que «el invierno europeo va a ser un invierno muy complejo para la economía global» y destacar que en Madrid se apagaran las luces de los escaparates: «Era impensable hace unos años, y lo estamos viendo».

Massa, que sucedió a Salvina Batakis, que duró sólo 24 días en el cargo, habló de las reservas de energía con que cuenta Argentina, algo que «el mundo demanda», así como de las ventajas que tiene el país en la industria del conocimiento. Tras esa introducción, medida y leída, el nuevo ministro detalló una serie de medidas que apuntan a bajar este año el déficit fiscal hasta el 2,5 del PIB, la cifra comprometida con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y a que los argentinos comiencen a pagar la energía por su valor real.

Todo, tras seis días de rumores y filtraciones que fueron agigantando la figura de Massa y las expectativas en torno a él. Al llegar a la Casa Rosada para la jura en la tarde del miércoles, varias decenas de manifestantes de grupos antisistema y libertarios insultaron y golpearon su auto y el de otros altos cargos que ingresaban a la máxima sede del poder, que se ve hoy descascarada en ciertos sectores y con manchones de pintura blanca que la deslucen.

Allí se encontró con Alberto Fernández, un presidente ausente, vaciado de poder y con agenda reducida al mínimo desde hace días. El presidente estuvo el martes en Catamarca, una provincia fronteriza con Chile, protagonizando una estampa de asombrosos tintes norcoreanos: una decena de niños corriendo a abrazarlo en la pista del aeropuerto.

Quinientos invitados en las instalaciones del Museo del Bicentenario, ubicado junto a la Casa Rosada, le dieron al acto la insólita impronta de una asunción presidencial. Tras la jura, el presidente se retiró por un lateral y le dejó el centro de la escena a Massa. El canal de noticias TN llegó a hablar de un «golpe blando» que implicaría un Fernández en funciones casi protocolarias y un Massa con ínfulas de primer ministro. El paso de los días dirá si realmente es así.

Según «La Nación», Fernández dejó hacer al nuevo ministro sin involucrarse demasiado en las medidas que anunció.

«Ojalá le vaya bien, ojalá la pegue, ojalá que tome las medidas correctas. Tengo mucha confianza en Sergio», dijo el presidente a sus interlocutores en los últimos días, asegura el periódico.

Massa destacó que en su ministerio se «unifican áreas clave para tener frente al mundo una mejor estrategia como país».

La economista Diana Mondino fue prudente en el análisis de lo anunciado: «No hay ningún disparate, y eso ya es novedoso». La Sociedad Rural Argentina (SRA), en cambio, fue dura con el nuevo ministro: «No queremos reuniones para una foto (…). El agro es parte de la solución».

Aunque falto concreción en varios de sus anuncios, Massa fue mucho más claro que Martín Guzmán, ministro hasta hace un mes, y que durante dos años y medio ejerció de diagnosticador serial de la economía argentina sin aportar soluciones de fondo.

Donde más claro fue Massa fue en el espinoso asunto de los subsidios a la energía, que se reducirán drásticamente. Muchos argentinos cubren su factura de luz o gas mensual por el equivalente a un par de cafés, lo que lleva a un notable desequilibrio en las cuentas públicas. Según Juan José Aranguren, ministro de Energía de Mauricio Macri, el país gastará este año entre 15 y 16.000 millones de dólares en importaciones de energía.

«La Argentina crece al seis por ciento anual y crea empleo -describió Massa-, pero tiene una enorme falta de confianza en su moneda, desorden del gasto, brechas de inversión pública y una enorme injusticia en la distribución del ingreso. Tenemos que enfrentar la inflación con determinación, porque es la mayor fábrica de pobreza».

Massa prometió «reordenar los programas sociales», que sostienen económicamente a casi un cuarto de la población: «Nuestra idea de país es que el plan (social) sea la emergencia y el trabajo permanente».

El nuevo ministro rechazó la posibilidad de devaluar el peso, que se depreció fuertemente en el mercado informal durante julio, casi un 40 por ciento: «Los shocks devaluatorios lo único que producen es pobreza y una enorme transferencia de recursos».

La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, que dio su visto bueno a la llegada de Massa al gobierno, no se hizo presente en la asunción del que es quizás el más ambicioso de los peronistas: se sienta en la silla eléctrica con la convicción de que puede salir vivo y, así, erigirse en el candidato presidencial de su sector político en 2023.

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